RELATO Nº 14: LA INCAPACIDAD (29/5/16)

 

LA INCAPACIDAD

 

Carlos Castro llevaba un mes y medio sin ejercer su oficio. Le habían diagnosticado trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y le habían dado de baja y retirado momentáneamente de su profesión, permanecía inactivo. Ahora dedicaba su tiempo casi en su totalidad a hacer dos cosas: leer libros de temas religiosos y rezar.

Ese lunes de enero, gélido, tenía una cita muy especial. Le habían citado en el tribunal médico.

se levantó como siempre a las 7:45h, después de asearse y desayunar, rezó las oraciones de la mañana y seguidamente hizo una hora de oración.

Antes de salir de casa a las 11:00h, se había lavado las manos en el lavabo del baño seis veces, y cuando abrió la puerta de la calle para salir fuera encendió y apagó el interruptor de la luz tres veces, contando en voz alta, para cerciorarse de que quedaba la luz apagada, a continuación fechó y desfechó otras tres veces, también contando en voz alta, para asegurarse de que la puerta quedaba cerrada con llave.

El ritual del interruptor y la llave lo hacía cada vez que salía de casa.

y al salir del portal y poner el pie en la acera, lo primero que hacía era santiguarse tres veces.

Cuando iba andando por la calle, (porque prefería ir andando a los sitios en lugar de coger el autobús o el metro, por muy lejos que estuviesen), siempre llevaba un rosario de dedo y lo iba rezando en voz baja.

Tenía la cita del tribunal médico a las 11:45h. Desde su vivienda hasta el lugar de la cita, se tardaba unos treinta y cinco minutos, aproximadamente, a paso normal, o sea, a paso tranquilo, pero salió de su casa a las 11:00h, para ir con tiempo y llegar diez minutos antes de la hora citada.

Cuando llegó se sentó en la sala de espera, a esperar a que lo llamaran. A las 11:55h, con diez minutos de retraso, salió una joven vestida con un uniforme blanco, él supuso que era una enfermera y lo nombró en voz alta: << Carlos Castro >>.

Él estaba nervioso, entró en una especie de consulta, en la que había un médico (psiquiatra), sentado detrás de una mesa de despacho, en el cual había carpetas y papeles. En un lado tomando notas estaba sentada la joven que lo había nombrado. Y empezó el show…

El médico le hizo un montón de preguntas; preguntas de todas las formas y colores, imaginables e inimaginables, y el pobre Carlos, acobardado, contestaba a todo, como mejor podía y sabía.

Por fin terminó el calvario y Carlos regresó a su casa.

Volvió a su rutina diaria. Y a los veinticinco días de su cita con el tribunal médico, cuando ya ni se acordaba, recibió una carta de dicho tribunal diciéndole que le habían otorgado la:

<< Incapacidad Permanente Absoluta >>.

<< Enfermedad: Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) >>.

Le cayó como un jarro de agua helada por encima. No esperaba que fuesen tan tajante. No podría volver a dedicarse a su oficio. Le habían jubilado con 27 años, con apena tres años trabajado.

Él era sacerdote diocesano.

 

Nícola Baremo

29/5/16