RELATO Nº 21: LA CASA DE JOSÉ MIGUEL (30/6/16)

 

LA CASA DE JOSÉ MIGUEL

 

Para José Miguel el sentimiento de querencia hacia su barrio y en especial hacia su casa era fortísimo, en definitiva, era donde había nacido y donde se había criado. Era donde echó los dientes, donde se fumó su primer cigarrillo, donde tuvo su primer amor… Y seguía viviendo allí.

 

Habían pasado algunos lustros, José Miguel tenía 45 años, estaba felizmente casado con Esther de 41 años y tenían tres hijos, nacidos del amor; Laura de 9 años, Iván de 6 y Pablo de 4. Los tres niños eran muy buenos, se portaban muy bien y sacaban buenas notas. Y vivían en la casa que José Miguel había heredado de sus padres, ya que era hijo único y no tenía hermanos.

Con ellos vivía el padre de José Miguel, el abuelo Gerardo, que tenía 77 años y un alzhéimer bastante avanzado.

Ellos eran la familia Pulido González.

 

Una tarde de sábado fueron a hacerle una visita los Ordoñez Moreno, una familia amiga de José Miguel, Esther y los niños.

La familia Ordoñez Moreno estaban formada por el padre, Julio, la madre, Margarita, y la pequeña, Paula.

Mientras estaban tomando un piscolabis o mejor dicho una pequeña merienda en el salón, los niños estaban jugando en el salón al << escondite >>. Al finalizar la merendilla se sentaron en los sofás y Laura los obsequió con un mini-concierto de piano que a todos encantó, y es que la verdad es que la niña a pesar de su corta edad era toda una virtuosa.

 

Llegó la noche, y tomaron una cena ligera, después de cenar y acostar a los niños el matrimonio se puso a ver la tele hasta que sobre las 12:00 h de la noche José Miguel y su mujer Esther se fueron a dormir.

Todo era normal y habitual excepto en un detalle; el matrimonio al irse a acostar se le había olvidado desenchufar el brasero.

Se habían quedado ¡EL BRASERO ENCENDIDO!

 

Sobre las 3:15 h de la madrugada, cuando toda la familia estaba dormida, en el salón, en el enchufe del brasero, hubo unas chispas, un cortocircuito, un conato de incendio, se incendió el enchufe debido al cortocircuito y prendió el cable, el cable pasaba debajo del sofá, empezó a arder los bajos del sofá y en un abrir y cerrar de ojos, todo el sofá estaba en llamas, y rápidamente el fuego del sofá se propagó a las cortinas.

 

Por designios del destino que no entendemos, y por eso lo llamamos azar, Esther se despertó sobresaltada y olió a quemado, rápidamente despertó a su marido, encendió la luz de su mesilla de noche y vieron el humo.

Cuando se quisieron dar cuenta, todo el salón estaba en llamas.

Enseguida despertaron a los niños y todos en pijama intentaron salir de la casa, salir de aquel infierno, había empezado a arder la cocina y el pasillo que daba a las habitaciones.

El humo era asfixiante.

Para salir a la calle, (vivían en un bajo), tenían que atravesar el salón.

 

Como pudieron, poniéndose trapos húmedos en la boca, lograron atravesar el infierno del salón y llegar a la puerta de la calle.

Por fin salieron fuera, tosiendo y medio asfixiados recibieron el frescor de la noche como agua de mayo.

José Miguel llamó a los bomberos y al 112, pero no pudieron salvar al abuelo Gerardo, que falleció intoxicado por el humo.

 

Al final perdieron la casa, que fue pasto de las llamas, pero además de la casa, perdieron todas sus pertenencias, todos sus recuerdos y José Miguel perdió casi toda su vida.

 

Nícola Baremo

30/6/16

 

Anuncios