RELATO Nº 29: LA CONDENA (15/8/16)

 

LA CONDENA

 

Juan Ramón era un afamado psiquiatra que ejercía en una Comunidad Autónoma del norte de España.

Una mañana al salir de una guardia de 24 horas en el hospital tuvo una llamada a su móvil particular. Se fijó en el número de quien lo llamaba y era número desconocido, a pesar de eso contestó al teléfono:

  • ¿Dígame?
  • Buenos días Juan Ramón. No me cuelgues hasta que escuches todo lo que tengo que decirte. ¿Entendido?
  • ¿Quién es? ¿Quién llama?
  • Soy un ángel del Señor y tengo que darte un mensaje de parte de Él…
  • ¿Qué es esto? ¿Una broma?
  • Escúchame Juan Ramón y después obra en consecuencia. Estás casado con Pilar desde hace 32 años, y ella te quiere mucho, tú también la quieres a ella, pero a tu manera… Tenéis dos hijos, Ramón de 30 años, casado con Mamen, sin hijos, y Esteban de 27 años que ha seguido tus pasos y también es psiquiatra y está soltero.
  • Pero… ¿Quién es usted? ¿…cómo sabe mi vida?
  • Ya te lo he dicho, Juan Ramón, soy un enviado de Dios, que te he llamado para darte un aviso. Estás viviendo en pecado; le eres infiel a tu esposa y eres un pecador llevas una doble vida, estás metido en el alcohol y en las drogas. Tienes que cambiar de vida. Volver a serle fiel a tu esposa e ir por el buen camino. Esa es la única forma de que cuando mueras vayas al cielo y tu alma se salve de las llamas del infierno.

Y cortó la llamada, Juan Ramón se puso a pensar unos momentos racionalmente y llegó a la conclusión de que la persona que lo había llamado debía de haber sido un enfermo mental, antiguo paciente suyo.

A los seis meses de recibir aquella insólita llamada Juan Ramón sufrió un infarto y murió y subió al cielo y se encontró con San Pedro en las Puertas del Cielo, pero San Pedro le prohibió la entrada y le dijo:

  • Has llevado una vida de pecado, lujuria y desenfreno, ¿y pretendes entrar en el cielo y contemplar el rostro del Señor? No puede ser. Tu lugar es el infierno allí pasarás el resto de tus días, para toda la eternidad.

Entonces Juan Ramón llorando se puso a suplicar…

  • Por favor, San Pedro concédeme el perdón y dame una segunda oportunidad… Te lo ruego…

A lo que San Pedro le contestó:

  • Se te mando un enviado del Señor para darte un aviso y no hiciste caso. Ya no hay marcha atrás. Todo se ha cumplido.

Entonces San Pedro mandó a Juan Ramón al infierno, y quedó condenada su alma para el resto de la eternidad.

 

Nícola Baremo

15/8/16