RELATO Nº 31: TRISTE DESTINO (2/9/16)

 

TRISTE DESTINO

 

Sebastián y Clementina eran un matrimonio peculiar.

Ella tenía una fuerte personalidad y un fuerte carácter, nerviosa, delgada, frenética, un puro nervio.

Él era tranquilo, gordito, bonachón, algo timorato y se tomaba las cosas con mucha calma.

Eran la cara y la cruz de una misma moneda, pero congeniaban, se entendían.

Lo que le faltaba a uno lo tenía el otro y de lo que el otro carecía, el otro le aportaba en definitiva se complementaban.

Y ambos eran felices en el matrimonio. Llevaban treinta y cinco años casados no tenían hijos, Dios no les había otorgado descendencia. Se habían acostumbrado el uno a la compañía del otro.

Vivían en un colegio. Su vivienda estaba dentro del colegio y su trabajo consistía en guardar, vigilar y cuidar dicho colegio. Él hacía los trabajos de mantenimiento en el colegio, y era un manitas.

Sabía trabajar la electricidad, la albañilería, la fontanería, la carpintería, etc., etc., etc., le daba a todos los palos.

Una mañana de sábado cuando el colegio estaba cerrado, porque no había clases, Sebastián se encontraba subido encima de unas escaleras de tijeras, en el descansillo de las escaleras del edificio, el que estaba entre el primer piso y el segundo. Estaba cambiando una bombilla fundida de un aplique, cuando sin querer tocó un cable y le dio corriente, una pequeña descarga, rápidamente en un movimiento reflejo, retiro instintivamente la mano y al hacerlo tuvo la mala suerte de perder el equilibrio y se cayó de la escalera de tijeras hacia atrás, cayendo de espaldas en las escaleras del edificio y dándose un fuerte golpe en la cabeza, a la altura de la nuca, con el filo de un escalón y perdiendo el conocimiento de manera inmediata.

Hasta veinte minutos después no lo encontró Clementina, su mujer, tirado en la escalera, todavía inconsciente. Se llevó un susto de muerte y rápidamente llamó al 112.

En el hospital no pudieron hacer nada, se había roto la columna vertebral a la altura de las cervicales, había quedado tetrapléjico para el resto de sus días. Fue una auténtica tragedia.

Cuando salió del hospital, Clementina se lo llevó a casa, al colegio, pero la vida ya no era igual que antes.

Solo la presencia de Sebastián hundía a Clementina en la desesperación y ella para sus adentros maldecía su vida y culpaba a Dios, hasta renegó de la fe que había profesado siempre.

Solo tuvo a su marido Sebastián tetrapléjico un año con ella en casa, al año lo llevó al asilo y nunca más volvió a visitarlo.

 

Nícola Baremo

2/9/16

 

 

 

 

 

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