RELATO Nº 8: EL ATRACO (13/5/16)

EL ATRACO

 

El 18 de Junio de 1998, en Filadelfia, Pennsylvania, se cometió un atraco a mano armadan en un pequeño  supermercado, a las 9:30h a.m. al abrir las puertas al público.

En dicho robo resultó herida mortalmente la encargada y cajera Katherine Johnson, de 36 años de edad, falleciendo veinticuatro horas después en el Kensington Hospital, situado en 136 Diamond St, de Filadelfia.

Katherine Johnson dejaba marido, un hijo de 7 años y una hija de 3, pero además en el momento del atraco estaba embarazada de cuatro meses.

El atraco y asesinato de Katherine Johnson tuvo una fuerte repercusión mediática. Fue portada de todos los periódicos del estado de Pennsylvania y la de la mayoría de los del país durante varios días. También salió en radio y por supuesto en televisión.

No hubo testigos, nadie vio ni escuchó nada, a pesar de encontrarse el supermercado en una zona cercana a un edificio de oficinas y a una gasolinera de 24 horas.

A Adam Stephenson fue el inspector de policia al que le asignaron el caso, de la comisaria 22ND-23RD situada en el 1747 Norte 17th Street, de Filadelfia.

Después de cinco meses de arduas investigaciones el inspector Stephenson por fin tuvo un sospechoso y procedió a su detención.

El sospechoso se llamaba Robert Brown, tenía 19 años y era de color. La víctima, Katherine Johnson era blanca. Cuando detuvieron a Robert Brown, no opuso resistencia, porque en un primer momento él pensaba que lo detenían por robar un coche – hacerle el puente y llevárselo – nunca pensó que era por atraco a mano armada y asesinato, de eso se enteró cuando le leyeron sus derechos.

Robert Brown era un delicuente de poca monta tenía antecedentes por hurtos y pequeños robos, pero nunca había agredido a nadie, ni había empleado la violencia, se suponía…, hasta ese 18 de Junio de 1998…

La madre de Robert Brown, Margaret, era viuda y él no tenía empleo, vivían los dos solos, con la pequeña pensión de viudedad de ella y de algunos trabajillos que le salían a él, pero vivían al día, no tenían ahorros, de modo que a Robert Brown se le designó un abogado de oficio,que se llamaba Steve W. Cooper.

Su abogado, Mr. Cooper lo primero que hizo cuando cogió el caso – como estaba tan mediatizado – fue aprovecharlo y convertirlo en un problema racial.

El juicio se celebró el 9 de Mayo de 1999, con jurado popular y presidido por el juez Thomas L. Crowell.

Por arte de magia surgieron dos testigos de la nada, Anthony Bradley y Michael John Clarck, que bajo juramento declararon haber visto a Robert Brown salir corriendo del supermercado ala hora del crimen con un arma en la mano, muy nervioso y que unos segundos antes habían oído un disparo proveniente del interior del supermercado. Ambos testigos eran blancos y de clase social media-alta.

El jurado realizó su veredicto. El juez Thomas L. Crowell dictó sentencia: CULPABLE.

Se le condenó a la pena de muerte, mediante inyección letal. A Robert Brown le cayó como un jarro de agua fría. Nunca se lo hubiera imaginado. a su abogado Mr. Cooper no le quedaba más remedio que darles ánimos y esperanzas:

<< ¡No te vengas abajo! ¡Apelaremos las veces que sean necesarias! ¡Eres inocente! ¡LO SÉ!. Y…

…Apelaron.

A los dos años y medio, el 12 de Noviembre del 2001, hubo un segundo juicio, pero con idénticos resultados. Las declaraciones de los dos testigos, Anthony Bradley y Michael John Clarck pesaban mucho y eran cruciales y determinantes. Y al final del juicio cuando el juez dictó la misma sentencia, el abogado Mr. Cooper le volvió a decir a Robert Brown…

<< ¡Tienes que resistir y ser fuerte! ¡Volveremos a apelar! >>

Entre tanto y tanto la vida en el corredor de la muerte se hacía cada día más cuesta arriba. Pero Robert Brown luchaba cada día pensando en la única persona que significaba algo para él y la única a la que había querido en toda su vida y que seguía amando con locura…

…su madre.

Pasaron tres años y dos meses y hubo un nuevo juicio el 8 de Enero de 2004. Pero no consiguieron sacar ningún resultado positivo, ni siquiera cambiar la sentencia por otra menos drástica.

Pasaron tres años más y se fijó la fecha de la ejecución, ya no había marcha atrás, ya no eran posible más apelaciones. Urgía que se ejecutara al asesino de Katherine Johnson. Iba a ser una ejecución ejemplar. En realidad se llegó a decir que Robert Brown no era más que una << cabeza de turco >>.

La fecha prevista para la ejecución por inyección letal iba a ser el 1 de Septiembre del 2007.

Llegó el día señalado, había un gran despliegue de medios de comunicación. Y el 1 de Septiembre de 2007 a las 10:00h a.m. le fue aplicada la inyección letal en la Penitenciaría de Filadelfia, del Estado de Pennsylvania a Robert Brown, de 28 años, originario de Filadelfia, Pennsylvania, Estados Unidos. Cuando le aplicaron la inyección, casi de inmediato, empezó a tener convulsiones, hasta que su corazón dejó de latir. Ahí acabó la vida y la historia de Robert Brown. A los dos meses de la ejecución y muerte de Robert Brown, fallecía su madre, Margaret, se suicidó ingiriendo una dosis elevada de pastillas. No superó la muerte de su hijo.

 

Ocho años y algo más de un mes más tarde, el 5 de Octubre del 20015, iba a ser ejecutado en Lincoln, Nebraska, en la silla eléctrica, a David Wilson, condenado por el asesinato de dos mujeres, Elisabeth Sand y Julia Thompson, que eran amigas, a las que anteriormente había atracado. Momentos antes de su ejecución, David Wilson confesó ser el autor del atraco del supermercado de Filadelfia, del 18 de Junio de 1998 y asesinato de Katherine Johnson.

David Wilson era de color y en el momento de su ejecución en la silla eléctrica tenía 35 años.

 

 

Nícola Baremo.

13/5/16